
"Lo siento"
"Fue sin querer"
"No era mi intención"
Errores de concepto, todas esas frases.
¿Cuál es el concepto y cuál el error?
El error es humano. El concepto, la humanidad.
Porque "errar es de humanos", ¿verdad?.
Todos cometemos errores, pero eso no significa que porque todos seamos igual de insensibles tengamos derecho a meter la pata como si de respirar se tratase, porque respirar entra dentro de los derechos humanos, pero el error...
El error es otro cantar.
Cuántas veces habré utilizado las frases que encabezan esta concatenación de divagaciones para limpiar mi conciencia y sentirme mejor conmigo misma, y pronunciando esas palabritas lo único que conseguí fue sentirme más pusilánime aún si cabía la posibilidad.
Porque "arrepentirse" significa no hacerlo, y el que no lo hace no tiene siquiera que llegar a arrepentirse. Pero estamos acostumbrados a una dinámica un poco peculiar y un mucho popular.
"Tirar la piedra y esconder la mano", le llaman en mi tierra.
Pero por más que se esconda la mano, cuando la piedra llega a su destino no hay vuelta atrás. Y el golpe duele. Y el chichón sale.
Pero como son puros formalismos sociales, todos sonreímos y que perdonamos, que olvidamos y que nos vamos de cañas y aquí paz y después gloria, cuando en realidad ni perdonamos, ni olvidamos, y la paz y la gloria son una utopía que brilla por su ausencia.
Perdonen mi naturaleza, pero sí, soy rencorosa.
Y hay veces que me arrepiento, lloro un rato o me río con risa de mala, y caigo en la cuenta de que no me puedo arrepentir porque no hay error en serlo.
Porque... ¿acaso debería sentirme mal por no perdonar, cuando quien me pide perdón no pensó en las consecuencias de sus actos?
No es decepción, desengaño o pesimismo lo que me lleva a escribir ésto, sino reflexión, realismo y tiempo libre para reflexionar. Y es que justamente de eso, últimamente, andaba corta. De tiempo y de reflexiones.
Eso sí, realismo siempre me sobra.
"No me arrepiento de nada".