Copiado y pegado de la Wikipedia, la fuente de sabiduría más popular y extensa e inabarcable que haya existido jamás. Ni la enciclopedia Larousse, señores...
El caso es que hoy sacando conclusiones médicas y filosóficas sobre el contenido del cuerpo humano, quise tirar de estadística también, y me dio por buscar datos fehacientes del porcentaje de agua dentro de ese recipiente antes mencionado.
El caso es que como soy muy curiosa (y la curiosidad mata al gato) me llamó la atención el hecho de que se nazca con más agua de la que se muere, sabiendo de antemano que se aconseja que bebamos dos litros diarios de ese fresco y transparente compuesto molecular. Luego aquí falla la lógica.
O tiramos de diuresis más de lo debido, o aquí hay gato encerrado.
Cuántas veces habré visto en clase que se encoge de ancianitos porque la columna vertebral pierde hidratación, luego pierde agua, y así mismo volumen, y por eso nos hacemos chiquitines y achaparraditos. Pero yo pensaba que el agua de la columna no se perdía así como así, si no que se iba a otras partes menos nobles, como la papada, las bolsas debajo de los ojos... y por eso todos, todos, todos, de ancianos, parecemos hinchaditos.
Pero ahora, contrastando los datos, y fiándome de la labor de la gente que ha llevado a cabo tales determinantes estudios sobre la pérdida de agua a lo largo de los años en la vida humana, no sé qué pensar... ¡Yo! ¡Que siempre pienso algo!
Entonces, una vez más, más intrépida, aventurera, y descerebrada que nunca, y armada de tiempo libre, me lanzo a la caza y captura de una explicación.
Y he llegado a una, más o menos coherente.
Creo que... a lo largo de su vida, el ser humano pierde llorando un 15% de agua.
¡Y me da mucha pena!
Pero no pienso llorar por mucha pena que me dé, porque bastante agua he malgastado ya todos estos años, sin saber que la iba a perder tan fácilmente.
Para que luego hablen de cerrar grifos al cepillarse los dientes y regar las plantas de madrugada cuando anda el agua escasa en los pantanos, cuando tenemos una devastadora sequía interna acechándonos durante toda la vida.
¿Por qué no implantamos métodos de ahorro de agua, pero de la importante... de la vital?
No ahogarnos con preocupaciones, respirar profundamente antes de derramar una lágrima, morderse el labio inferior cuando te entren ganas de gimotear, pensar en... cosas felices, para evitar el colapso mental: chuches, globos, mariposas, gatitos que juegan con bolas de lana, una playa llena de gente en verano, todos ellos de vacaciones, sonrientes y relajados, comiendo helados de chocolate y limón y flotando en sillones de goma de colores, la sensación del césped mojado bajo los pies descalzos, el sonido que hace una lata de Coca-cola cuando se abre, el olor a bizcocho de mamá... ¡Cosas alegres!
Así que, a ver si entre todos, nos concienciamos, y promovemos un plan que evite las pérdidas de agua innecesarias, así que instauro...
LA CAMPAÑA DE VERANO POR EL AHORRO DE AGUA, HUMANA.
¡Ah! Y si llueve... no olvidemos mirar para arriba y beber, que además de hidratarnos, seguro que nos hace sentir un poquito más vivos.