miércoles, 3 de noviembre de 2010

Comerse la Nocilla a cucharadas y otros placeres de la vida.



Sacar Nocilla de la nevera.
Retirar la tapa del bote.
Abrir microondas.
Meter bote de Nocilla.
Cerrar microondas.
Programar microondas 1 minutos a máxima potencia.
Dejar que pase el minuto.
Abrir microondas.
Sacar Nocilla.
Abrir cajón de los cubiertos.
Coger cucharilla.
Cerrar cajón de los cubiertos.
Hundir cucharilla en bote de Nocilla.
Abrir boca.
Meter cucharilla en boca.
Cerrar boca.
Dejarse llevar.


Ojalá todos los placeres de la vida fueran tan sencillos y redondos como éste.

lunes, 11 de octubre de 2010

Quien tiene boca, se equivoca.

Devaluación de la lengua propia a lengua de trapo.
Devaluación de la lengua propia a lengua de gato.
Un músculo, un trozo de carne, pero, joder... ¡qué daño hace!
Sibilinas, envenenadas, retorcidas, vernáculas... Las hay para todos los gustos, pero al fin y al cabo en pocos matices se diferencian.
Hay algunos sujetos, inocentes e incautos, llamados los "deslenguados" que carecen por completo de la misma, junto con la vergüenza y otros buques insignia de la decencia.
Múltiples usos y utilidades, chupar, revolver, degustar, herir, limpiar el suelo bajo la advertencia típica de la madre que dice: "como se te caiga algo con la lengua lo limpias"...
Trazan fronteras y deshacen el hielo más gélido.
Increíbles elementos que se agitan de arriba a abajo y de izquierda a derecha para finalmente regresar al agujero oscuro y húmedo de donde salieron.
Dan poder al hombre, lo mismo que arrebatan la vida con un beso o un discurso magistral, como le despojan de toda dignidad cuando el mismo hombre es llamado "lameculos".
Curioso binomio bipolar,un arma de doble filo sin lugar indicado para ser asida.
Hablamos de un órgano profusamente vascularizado,
que si se muerde demasiado,
asegura un profuso sangrado.
Afortunados los "deslenguados",
pues sólo ellos saben
del peso del que se han librado.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Leyes de gravedad.

Es pura cuestión de pelotas.
Todo lo que sube, tiene que volver a bajar, y en algún momento de su existencia de nuevo regresará al aire, y así hasta que por pura inercia y por falta de energía se cierre este círculo vicioso, finalmente con el más íntimo contacto con la Tierra.




Y así es como deben estar las cosas, ligadas a la tierra, porque la única manera de mantenerse estable es no despegar nunca del suelo, no ganar altura, porque los seres humanos no son aves que puedan desplegar sus alas fácilmente. Son bastante gallinas.
A mí, personalmente, me dan miedo las alturas, pero sólo cuando soy consciente de que realmente estoy volando alto. Si, es un miedo patológico a la felicidad.
Exacto, un autosabotaje contra la felicidad.
Y cuando la verdad sobreviene, planeo en un vuelo sin motor, hasta que por fin encuentro algo contra lo que estrellarme y caigo al suelo, de vuelta a la realidad.
Ligada a la tierra me hallo ahora, qué maravillosa sensación.
Pero me canso de tener los pies en la tierra siempre, porque los gallinas tenemos ansias de volar alto de vez en cuando, aunque tarde o temprano eso suponga una colisión mortal, o cuanto menos, dolorosa.
Me cansa el contacto con la tierra, demasiado seca, demasiado dura, demasiado fría...
Ahora sólo quiero volar.
Sólo me queda encontrar la manera.
Pero a qué debo aprender antes, ¿a volar o a ser feliz?
Eso sólo lo sabrá la ley de la gravedad.

domingo, 5 de septiembre de 2010

No tengo Remedios.

Este año, por lo menos.
Y es que me pasa como siempre, que estoy en el peor lugar, en el momento menos indicado.
Yo tenía que andar hasta hace un rato pegando saltos por el campo, con mi bocadillo de anchoas y mi lata de Coca-cola, mostrando una fe poco usual en mí pero por eso aún más valiosa, y aquí me hallo, echando de menos lo que este año no tengo y masticando rabia pura.
Lo bueno de esa digestión de rabia pura, que cuando se junta con las sales biliares allá por mi estómago me da una acidez que me inspira y que me hace pensar que aquí no pinto nada, porque no hay color, ni lienzo, sólo manchas por todas partes.
Manchas con forma de persona que, en su embriaguez, te dan un brochazo en la boca para no acordarse de nada al día siguiente.
Pero yo si recuerdo, porque mi mente poco tiende al olvido, y me pregunto si realmente será verdad todo lo que dicen los borrachos.
Porque si esas son sus verdades, prefiero borrarlas con aguarrás.
No me déis pinceles, a mí... dadme Remedios.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

El psicoanálisis del tábano.



La gente que sólo habla de sí misma se siente sola... porque está sola.
Su universo consta de un único planeta entorno al cual no gira nada de nada.
No hay más estrella que la que alumbra su ombligo, ni más luna que a la que ellos deciden dedicar las noches en vela.
El censo de la única ciudad que existe sobre la faz de su Tierra es casi tan triste como el barquito temerario que surca su océano embravecido, que no encuentra un puerto donde echar amarras porque el faro está vacío y apagado, el único habitante de ese pequeño planeta no puede hacer a la vez de marinero y guía de navegantes perdidos.
Así de triste, como el destino que le espera.
Dar vueltas, y vueltas, y vueltas, y vueltas a los mismos lugares, a los mismos temas, a los mismos pensamientos y pareceres... No tiene nadie que le muestre distintas formas de vida.
Pero al no concebir nada más allá de su persona, no añora algo que lo envuelva, y es feliz en su soledad porque el mundo es para él y él es para su mundo.
Sin embargo... el que nunca habla de sí mismo se siente sólo... porque tiene miedo a quedarse solo de verdad.
Ve su mundo tan feo, tan gris, tan obsoleto y tan muerto que prefiere mimetizarse con el universo vivo y reluciente que le rodea por miedo a que le descubran y le expulsen de la galaxia.
Ese tipo de gente es como mi madre con las visitas, tiene la firme intención de poner la casa guapa antes de que lleguen las visitas.
La única diferencia es que mi madre, en su disposición, invita a las visitas y luego se pone a faenar antes de que lleguen, pero esas personas que nunca hablan de sí mismas faenan incansablemente por si acaso llegaran las visitas, como si esperásemos que alguien tocara a nuestra puerta por equivocación y al ver la casa tan bonita, tan arreglada, decidiera quedarse a tomar un café con pastas por mero asombro.
Tábanos, siempre sobrevolando sin posarse en ningún lado.

martes, 18 de mayo de 2010

Vámonos.

Porque si te digo:
- Vámonos.
Lo último que espero y quiero que me preguntes será:
- ¿Dónde?.
Porque si te digo "vámonos" seguramente lo único que quiera decirte es "sácame de aquí".
No querré ir a ningún lugar concreto.
Me será indiferente si es caminando, si me llevas en brazos o arrastrando, o cogida de la mano.
Puede que incluso me dé exactamente igual que seas tú con quien vaya, y simplemente lo dije porque eras la única persona que pasaba por allí.
Ni cerca, ni lejos.
Ni bonito, ni feo.
Ni frío, ni caliente.
Sólo diferente.
Seguramente si te digo:
- Vámonos.
Esté diciendo:
- Llévame, que sola no soy capaz de abandonar este lugar.

Y una vez lleguemos a "ese" lugar que no tiene que ser ninguno en concreto, que igual que me llevaste me dejes allí, porque aunque no fui capaz de abandonarlo sola, tengo que encontrar la forma de volver por mi propio pie.

viernes, 7 de mayo de 2010

Como todos,hijo, como todos...

Voy a empeñarme en que no soy especial.
Y te recomiendo que hagas lo mismo.
Porque cuando caiga una lluvia de vulgaridad y ordinariez que nos empape a todos, en este mar de la regularidad no habrá cabida para lo extraordinario, y nos sumergiremos en el profundo sentimiento de la norma humana.
Y no norma, de esas que tanto nos gustan a las personas pseudo-civilizadas como nosotros, no...
Norma como sinónimo de modelo, de canon, de patrón, de homogeneidad.
Homogéneos, todos, aunque nos cueste asumirlo.
Porque aunque no lo haya sacado de la manga el gobierno, en nuestras vidas reina el ministerio de igualdad.
No una igualdad entendida como una equiparación de unos con los otros, que vela por una equidad imperante en la sociedad. Una igualdad que nos borra las caras y nos distorsiona las voces, nos quita el color de la cara y el cuerpo y la vitalidad de la mímica y los gestos con los que hablamos.
Suena a negatividad, y en realidad es el no va más del positivismo.
Y es que, si te das al mareo un rato, unos días, unos meses, unos años, una vida... consigues trascender de la frustración más amarga que conlleva la pérdida de la identidad personal al sabor dulce de la ganancia de conocer tu lugar en el mundo.
Y ese lugar es cualquier lugar, porque sabes que no perteneces a lugar alguno, porque no tienes raíces, ni apego verdadero por algo más que ese garbancito que llevas escondido dentro y que te da energía para el resto del día como buena legumbre.
Y te das cuenta de que si te abrazan, sientes calorcito en el garbanzo, como todo el mundo.
Si comes más de lo debido, corres al baño, como todo hijo de vecino.
Si te tiras desde el Empire State, morirás ipsofacto, como todo "quisqui".
Si caes, forcejeas un rato para levantarte, como cualquiera que se precie.
Si vacilas, acabas escogiendo la opción menos adeacuada, como toda cabeza loca.
Si amas, tienes miedo al rechazo, como todo bicho viviente.
Si te agobias, cierras los ojos un rato en una habitación en silencio, como todo Dios.
Si te agobias mucho, sales de la habitación y le gritas al mundo, aunque no te escuche, con los ojos bien abiertos, para mirarle a la cara cuando se te enfrente.
...
Y es entonces cuando comprendes que tú no eres especial, porque eres uno más, y los sentimientos son los mismos en tu envoltorio que en el de tu vecino, sólo despuntan audaces levísimos matices que no merecen ser tenidos en cuenta.
Y no te apena ser del montón.
Porque no te sientes raro en tu montón.
Porque sabes que el resto de la gente que está en ese montón es igual del montón que tú.
Y es el momento en el que la soledad desaparece de tu vida, porque es imposible sentirse solo con tanta gente igual a ti, que siente lo mismo, que piensa igual, que mueve sus brazos y sus piernas por la misma causa que tú.
Y entonces funciona realmente eso de...

Mal de muchos, consuelo de tontos.


Y lo mejor es que todos... son tan tontos como yo!
^^

jueves, 6 de mayo de 2010

Gracias, Caos, por existir.

Gracias

CaosPor existir...

Gracias, por hacer de este mundo un lugar un poco más acogedor, humano y cálido.
Por hacer que, a cada paso que dé, por más rara, desubicada o perdida que pueda encontrarme, tú salgas en mi busca para recordarme que sigo en casa, tal y como necesito.
Porque cuando llega la primavera, se me viene el mundo encima.
Y sólo tú, Caos, me haces mantener la cabeza serena.
Cuando todo parece luminoso, colorido, alegre, fresco...
Cuando todo parece como debiera ser, perfecto, llegas tú y me recuerdas que porque yo no sea tan luminosa, tan colorida, tan alegre ni tan fresca, no dejo de merecer vivir mi primavera en miniatura.
Haces que mis caótica forma de pensar parezca ridícula comparada con tu caótica dinámica.
Que mis líos personales se conviertan en nuditos dentro de tu maraña.
Que mi complicada vida se simplifique frente a la complejidad de tu significado.


Gracias, Caos, por existir.
Por desbancar a la perfección de su título de paradigma.
Porque en este mundo...
Hasta la perfección está porque tiene que haber de todo.

domingo, 2 de mayo de 2010

"Vísceralmente churretosa"

Amo mi hígado.
Amo a mis riñones.
Amo mis pulmones.
Amo mi cerebro.
Amo mi corazón.
Me amo visceralmente.
Aunque a veces crea que no, aprecio cada pequeño elemento que me integra, a pesar de que en ocasiones me mire al espejo con mirada acusadora, por tener unas ojeras hasta el suelo, la cara pálida, el pelo revuelto o el cuerpo fofo.
El amor es así, está para lo bueno y para lo malo.
Y yo, últimamente me amo tanto a mí misma, que voy a amarte a ti lo menos posible, para que nunca me falte el amor a mí por dártelo a ti.
Voy a quererte lo justo para no hacerme daño.
Llámale narcisismo o egolatría, yo prefiero llamarlo mecanismo de defensa.
Llendo por la vida como un caracol:
- Con la casa a cuestas.
- Babeando por la vida.
- Sacando los cuernos al sol.
- Avanzando poquito a poquito.
- Teniendo la concha cerca por si toca guarecerse.


Será la primavera, que me desconcierta.

viernes, 16 de abril de 2010

Tiñendo la vida.

El colmo del "frikismo", ahí voy.
Y es muy freak que compare la vida con una tinción histológica, lo sé, pero hoy me he esclarecido.
La vida se ve (o al menos debería verse) color tinción hematoxilina-eosina, para los no iniciados, tal que así:

"in extremis", para los no histologizados...

La vida debería verse de color rosa

Y en mis reflexiones he encontrado cierta correlación lógica entre el método de tinción más usado en Histología y Medicina diagnóstica (según palabras wikipédicas, la de hematoxilina-eosina) y el método más usado en materia de pasatiempos del ser humano (la vida, según creo).
Y es que, este tipo de tinción se ocupa de teñir las estrucuturas básicas de los tejidos, que se hacen llamar de nombre "Ácido" y de apellido "Filas", de un color rosa chillón. Curiosos componentes básicos éstos que, tal y como su nombre y apellido indican, son nobles estructuras que por cuestiones familiares se dan a amar, pues pertenecen a la progenie de la "filia", antiguo y muy excelente linaje que desde tiempos de la Magna Grecia se caracterizaron por su amor por toda clase de materias, siendo primas suyas familias como las "Hidro Filas", que aman el agua, o las "Andrógino Filas", que aman por igual al hombre y a la mujer.
Esta familia de las "Ácido Filas" son conocidas por su amor por lo ácido.
De esta forma, si la vida se tratase de un tejido, y nos propusiéramos teñirla de de hematoxilina-eosina, el hombre, sujeto básico del tejido de la vida, como ser "Ácido Filo" que es
por su conocida tendencia por lo ácido, se teñiría de rosa (chillón) en todo su ser, órganos oculares incluídos, viendo la vida de este color de forma inmediata.
Pero toda teoría tiene sus puntos a refutar, y he aquí lo refutable:
Sabemos que el hombre es un "Ácido Filo" en toda regla, por su gusto y tendencia a la experimentación de sensaciones que le hacen poner la misma cara de disgusto que se le pone a uno cuando chupa un limón, pero sin embargo, el ser humano es un sujeto que también ha desarrollado un gusto exquisito por las experiencias amargas dentro del tejido de la vida.
Y aquí es cuando se derrumba mi teoría.
Porque es imposible ver la vida color rosa si tienes tendencia a la amargura.

domingo, 4 de abril de 2010

Nacida salvaje, criada en cautividad.

Todo lo bueno se acaba.
Y yo que no me lo quería creer...
Maldita ilusa, deja de pensar que "ese tipo de cosas a mí no me pasan" o que "si cuentas hasta 10 tus problemas desaparecen".
Porque tú no eres especial y te pasan las mismas cosas que a todo el mundo, y el contar no va a ponerte a salvo de nada, sólo puede retrasar las consecuencias.
Es lo que tiene crecer en cautiverio, que caes en ciertos formalismos sociales que intentan amparar ese sentimiento de vulnerabilidad que lleva innato el ser humano en su esencia. Con un poco de amaestramiento se puede hacer creer a una persona que es totalmente inmune, cuando vive rodeado de bacilos, cocos, espirilos, virus con cápsula y sin ella, protozoos y demás agentes infecciosos ante cuya inmunidad sucumbiría seguramente.
Con un poco de autoestima y unos cuantos buenos medicamentos alguien puede llegar a creerse indestructible, hasta que, por causas del destino, sucede algo que hace que ni la moral del más vanidoso del mundo pudiera resistir, las "cosas de la vida".
Y entonces es cuando te das cuenta de que si nadie te hubiera domesticado, no habría esos conflictos interiores que desencadenan una guerra personal en nuestro fuero interno, que por lo temprana en su aparición y su tardía firma de paz, nos abandona ya casi en el lecho de muerte, asemejándose en cuanto a lo literario a la Guerra de los Cien Años.
Es por esas "cosas de la vida" por las que me niego a que me domestiquen.
Por las "cosas de la vida" y por las consecuencias de ser un animal doméstico, quien haya leído El Principito bien me entiende.

Me niego a ser domesticada, así que me voy a mantener en estado salvaje para siempre, salvaje como... las amapolas.
Y me voy a guardar las espinas, por si algún día tengo que echar mano de ellas por "cosas de la vida".

lunes, 8 de marzo de 2010

Onion rules!



Viva la cebolla.
Porque ella contiene la verdadera esencia del ser humano.
Complementa la ensalada y la tortilla de patatas.
Lo mismo sirve pa' un sofrito que pa' un rehogado.
Previene el cáncer y depura el organismo.
Se desmonta por capas.
Te hace llorar.
Por fuera es marrón y peluda y por dentro blanca y reluciente.
Y quien se pique... que ajos coma!
Porque le pese a quien le pese...
La cebolla es la...
Tará!

lunes, 1 de marzo de 2010

Please, don't say you're sorry...


"Lo siento"
"Fue sin querer"
"No era mi intención"
Errores de concepto, todas esas frases.
¿Cuál es el concepto y cuál el error?
El error es humano. El concepto, la humanidad.
Porque "errar es de humanos", ¿verdad?.
Todos cometemos errores, pero eso no significa que porque todos seamos igual de insensibles tengamos derecho a meter la pata como si de respirar se tratase, porque respirar entra dentro de los derechos humanos, pero el error...
El error es otro cantar.
Cuántas veces habré utilizado las frases que encabezan esta concatenación de divagaciones para limpiar mi conciencia y sentirme mejor conmigo misma, y pronunciando esas palabritas lo único que conseguí fue sentirme más pusilánime aún si cabía la posibilidad.
Porque "arrepentirse" significa no hacerlo, y el que no lo hace no tiene siquiera que llegar a arrepentirse. Pero estamos acostumbrados a una dinámica un poco peculiar y un mucho popular.
"Tirar la piedra y esconder la mano", le llaman en mi tierra.
Pero por más que se esconda la mano, cuando la piedra llega a su destino no hay vuelta atrás. Y el golpe duele. Y el chichón sale.
Pero como son puros formalismos sociales, todos sonreímos y que perdonamos, que olvidamos y que nos vamos de cañas y aquí paz y después gloria, cuando en realidad ni perdonamos, ni olvidamos, y la paz y la gloria son una utopía que brilla por su ausencia.
Perdonen mi naturaleza, pero sí, soy rencorosa.
Y hay veces que me arrepiento, lloro un rato o me río con risa de mala, y caigo en la cuenta de que no me puedo arrepentir porque no hay error en serlo.
Porque... ¿acaso debería sentirme mal por no perdonar, cuando quien me pide perdón no pensó en las consecuencias de sus actos?
No es decepción, desengaño o pesimismo lo que me lleva a escribir ésto, sino reflexión, realismo y tiempo libre para reflexionar. Y es que justamente de eso, últimamente, andaba corta. De tiempo y de reflexiones.
Eso sí, realismo siempre me sobra.

"No me arrepiento de nada".

miércoles, 27 de enero de 2010

Amapolaaaaaaaaa ... Lindísima amapooooola ...

Tra-la-rá!
Dicen que quien canta, su mal espanta, pero cuando se trata de mí no se sabe si lo espanto o lo atraigo, porque mi cantar es un mal en sí mismo.
Y por eso, cuando entono mis salmos a la vida, y veo que mi intento de salvar a la humanidad evitando que los escuchen se ve frustrado cuando mi Tere abre la puerta, me pongo roja como una amapola.
Y es que en el fondo soy como una amapola...
Roja, asilvestrada...
La mujer-amapola!
Nah!
Ojalá llegase a valer la mitad de lo que vale una amapola.
Una amapola...
... puede crecer en cualquier lugar.
... puede inundar de color el campo en la primavera.
... puede sacar una sonrisa aún siendo arrancada de su hogar.
... puede marchitarse más fácilmente que cualquier otra flor conocida, lo que la hace el doble de valiosa, porque lo bueno, si breve, dos veces bueno.
Pero como no todo en esta vida puede ser, aceptaremos cardo borriquero como planta de interiores y asumiremos el papel una vez más.
Voy a regarme un poco, a ver si cultivo espinas y echo raíces en algún lado. Que esto de las ciudades no les sienta bien a las flores del campo.

jueves, 21 de enero de 2010

No es por ti... es por mí!

Me di cuenta tras años y años de investigación, en la más absurda y patética de las situaciones, de noche cerrada, cuando nadie escucha ni mira, cuando todo movimiento, pensamiento o sentimiento está prohibido porque viola de una manera salvaje la quietud ordinaria.
Me di cuenta, como si realmente pareciera que estaba cometiendo un delito.
Y en realidad es así, porque descubrir una verdad apabullante es en realidad un crimen.
Un crimen que te encarcela de por vida.
Pero ahora sé el motivo por el que sale el Sol cada mañana. La razón por la que el mundo gira sin desviarse de su ruta ni pararse para echar algo de gasolina o engrasar el fuelle.
Parece increíble que algo tan insignificante como yo sea poseedor de un conocimiento tan valioso ,¿verdad?.
Casi hilarante, ridículo, casi tan hilarante y ridículo como es el conocimiento que tan valioso se prometía.
Pero a veces las cosas más simples están hechas para las mentes más simples, y esa simplicidad es el engranaje de la vida.
He aquí la frustrante razón:


Porque hasta cuando crees que lloro por ti, mis lágrimas son por y para mí.

jueves, 14 de enero de 2010

Ha llegado a su destino.

Últimamente paso demasiado tiempo en las estaciones... Vida estacionaria, podríamos calificarla sin lugar a dudas.
Esperas en andenes, interminables viajes hacia nuevos universos que poco a poco están siendo descubiertos, grises vueltas al hogar con una mezcla de cansancio y alegría... Esa es mi vida desde hace poco.
Y es que el tren es un mundo paralelo que fluye con dudosa regularidad y no menos incierta rapidez, atravesando el nuestro propio de forma sigilosa, pero no dejando indiferente a nadie a su paso.
Es como una gran matriarca que recibe y despide constantemente a sus hijos perdidos, que bien con prisa despliegan sus alas porque llegan tarde a la vida o bien regresan taciturnos con la chaqueta sobre el hombro del fracaso de la existencia.
Todo puede darse en los trenes.


El sueño, la risa, la cultura, el llanto, la mismísima muerte...
El otro día, en mi odisea particular, creyéndome ya la reina del mambo en mi infinita experiencia con el transporte público, corta pero intensa, como el buen café, me di cuenta de que aún pasan cosas extraordinarias que hacen que seamos conscientes de esa verdad tan estimulante que tanto tendemos a ignorar:
- Las cosas más maravillosas pasan en los lugares más insospechados.
Y es que, cuando nadie parece mirar ni escuchar, el destino nos deja entrever como quien no quiere la cosa algo que te alegra el día, y en cierto modo también hace un poco más amplia la sonrisa con la que deambulas por la vida.
Y me despertó la ternura y la inspiración un enano que dijo con lengua de trapo:
- Mamá, es de noche.
A lo que su madre le contestó:
- No cariño, es sólo un túnel.
Ese instante, tuve el irrefrenable impulso de pensar siempre como un niño, y poder creer que los túneles son oscuridad eterna como la noche, y los trenes bravos caballos de acero.

martes, 12 de enero de 2010

Constitución atlética.

Soy de ese tipo de personas que tiende a correr en cuanto ve que algo le asusta.
Soy de ese tipo de personas que se asustan fácilmente.
No me gusta el miedo, pero puedo olerlo.
Detrás de mí, persiguiéndome...
Por eso intento ser más rápida que él.
Por eso concibo la vida como una carrera en lugar de un paseo.
Faster, stroger, better...
On your marks.
Ready.
Steady.
Go!

If you see I'm in a hurry, don't try to stop me, even to slow me down.
Time is probably running out.

miércoles, 6 de enero de 2010

If you hear an annoying sound, it will probably be my heartbeat.

Con el tiempo todo se reblancede.
El cerebro, los vaqueros, las carnes, el sofá, el corazón...
Todo envejece, incluso las cosas que nos hacen recordar lo jóvenes que fuimos.
Fotos.
Fotos antiguas.
Fotos antiguas de tiempos más nuevos.
No hay retoque que valga, sino el mismo retoque que nos hace maquinar de forma estratega la memoria en un intento por salvaguardar nuestro amor propio.
Por más que lo maquillemos, no podemos huir de ello.
Intenta poner una buena base en crema que se funda con el tono de tu piel, aplícale un poco de colorete vivo para ponerle un poco de fuego en las mejillas, tiñe de negro las pestañas alargándolas hasta el infinito y colorea la boca de colores frescos como los besos que pueden llegar a dar.
De nada servirá.
Por más que se funda el maquillaje con ella, la piel mudará de color.
Por más sútil e imperceptible que sea, el fuego de las mejillas acabará por quemar.
Por más que las alargues hasta el infinito, las pestañas no nos permitirán observar más allá de nuestras narices.
Por más fresca que llegue a parecer una boca, sus besos serán fríos y secos si no están cargados de sentimiento.
No hay retoque que valga.




Sólo conozco un método para conseguir eternizar nuestra imagen.
Un método tan efectivo como delatador.
Una mirada.
Dependiendo de la mirada que nos observe, podemos transformarnos en el más terrible de los titanes o en la más indefensa alimaña que jamás haya sido contemplada.
Y es que todo cambia según los ojos con los que se mire.
Ahora es cuando llega la parte que más odio, la que menos me gusta y la que peor sabor de boca me deja.
Hablar de mí misma.
Hay ciertos ojos sin los que no podría vivir.
Esos ojos...
No es su color, no son las cejas que los enarcan, ni las pestañas que impiden que una mota de polvo mancille su blancura, nisiquiera los párpados que los protegen de la violencia de la luz...
Esos ojos están empeñados en retocarme.
Maquillan la realidad, perturban lo que en las fotos se refleja.
Esos ojos me matan, porque se empeñan en revivirme.
Parecen permanecer quietos en el tiempo, inmutables, mientras me recuerdan que todo cambia en general, y que yo también lo hago, en particular.
Tan enormes y secos que hacen que los míos se vuelvan pequeños como rendijas y húmedos como charcos, dándoles la razón en todo lo que me cuentan. Reparan en mí, tornan para mirarme y con ello hacen que yo misma sea consciente de mi propia existencia.
Y de los cambios que tanto miedo me dan.
Y de saber que puede que esos ojos no estén ahí de forma indefinida.
Son como dos cristales, como dos espejos que me devuelven un reflejo que no es cierto, porque ellos se encargan en su ingenuidad de que mi reflejo parezca algo inusual, magnífico, incierto...
Unos ojos tan inocentes como mentirosos, por mantenerme a salvo.
Mentirosos como sólo sabe serlo un amigo.
Mentirosos como sólo sabe serlo el mejor de los amigos.
Maquillan las mentiras de sonrisas, como sólo sabría hacerlo el mejor de los artistas, el mejor de los amigos.
Porque sabes que mintiéndome, me haces sonreir.
Una sonrisa fruto de mi mentira, de tu mentira, de nuestras mentiras a la humanidad.
Porque donde ella ve hombres y mujeres, nosotros vemos ángeles, como tú y como yo.

domingo, 3 de enero de 2010

Rarezas que dan pereza.

Hoy, gracias a los dos apagones consecutivos que he vivido entre las 19:23 y las 19:31, en los que mi casa, es decir, mi mundo, se ha quedado completamente en penumbra, me he dado cuenta de que soy una persona extraña.
Soy una extraña hasta para mí misma.
Pero eso es algo que ya no me desconcierta demasiado, o por lo menos, no me quita el sueño.
En las mejores familias hay un "rarito" y esta vez, me ha tocado serlo a mí.
Y qué banalidad más cotidiana ha sido la que me ha hecho darme cuenta de mis rarezas...
La culpa fue de la oscuridad, que en mi caso no se manifiesta como en el resto de las personas.
Lo más normal, o por lo menos lo que dictan las leyes de la lógica y del salvaguardo de la propia seguridad, cuando se sobreviene un apagón, corremos a donde sabemos que tenemos las luces de emergencia, para poder buscar velas e iluminar nuestro hogar de una forma cálida y alternativa, dada la desaveniencia.
En mi caso... pasa algo distinto.
Hoy, por propia inercia, cuando me he visto sumida en la oscuridad y he logrado encontrar tras haber buscado a tientas mi famosa luz de emergencia, no he pensado en encender velas no...
He pensado en encender la VELA.
Y no cualquier vela, sino aquella que consigue inundar mi habitación de un olor especial y hacerme entrar en trance.
La vela de mi quemador de aceite.
Pero justo cuando veía ya cerca el triunfo de la oscuridad, que me traería por un ratito mi pequeño paraíso con olor predeterminado a azahar, la luz (o Iberdrola) ha decidido acabar con mi momento de paz, sumiéndome en este tipo de reflexiones que se dan sólo a oscuras, y que te llevan a darte de bruces contra el espejo y ser un poco más consciente de tu persona.
Odio los espejos.
Odio las luces de emergencia.
Odio estar a oscuras sin mi quemador de aceite encendido.
...

Soy rara.
Me aburren las mañanas.
Prefiero cenar a desayunar.
Se me queman las tostadas.
La mala leche, la tengo en caliente.
Me amarga la mermelada.
Echan a correr las vitaminas
del zumo de naranja
en cuanto me ven la cara.
El café me anestesia.
No sé darle la vuelta a la tortilla.
Por más azúcar que le echo,
nunca se me endulza la vida.
No lloro como las magdalenas.
Ni me desinflo como los soufflés.
No soy dulce como un pastelito.
Ni tierna como un bollito.
Si me dejan me como el mundo,
y voy bien desayunada.
Tengo enredos en la cabeza.
No me despierto, me echan al mundo.
En lugar de dar los "buenos días",
rujo.
Siempre me caigo de la cama.
Me queda grande el pijama.
Y...
...debo confesar, desde lo más profundo de mi almohada,
que me da pereza,
cambiar mis rarezas,
cada mañana.