martes, 18 de mayo de 2010

Vámonos.

Porque si te digo:
- Vámonos.
Lo último que espero y quiero que me preguntes será:
- ¿Dónde?.
Porque si te digo "vámonos" seguramente lo único que quiera decirte es "sácame de aquí".
No querré ir a ningún lugar concreto.
Me será indiferente si es caminando, si me llevas en brazos o arrastrando, o cogida de la mano.
Puede que incluso me dé exactamente igual que seas tú con quien vaya, y simplemente lo dije porque eras la única persona que pasaba por allí.
Ni cerca, ni lejos.
Ni bonito, ni feo.
Ni frío, ni caliente.
Sólo diferente.
Seguramente si te digo:
- Vámonos.
Esté diciendo:
- Llévame, que sola no soy capaz de abandonar este lugar.

Y una vez lleguemos a "ese" lugar que no tiene que ser ninguno en concreto, que igual que me llevaste me dejes allí, porque aunque no fui capaz de abandonarlo sola, tengo que encontrar la forma de volver por mi propio pie.

viernes, 7 de mayo de 2010

Como todos,hijo, como todos...

Voy a empeñarme en que no soy especial.
Y te recomiendo que hagas lo mismo.
Porque cuando caiga una lluvia de vulgaridad y ordinariez que nos empape a todos, en este mar de la regularidad no habrá cabida para lo extraordinario, y nos sumergiremos en el profundo sentimiento de la norma humana.
Y no norma, de esas que tanto nos gustan a las personas pseudo-civilizadas como nosotros, no...
Norma como sinónimo de modelo, de canon, de patrón, de homogeneidad.
Homogéneos, todos, aunque nos cueste asumirlo.
Porque aunque no lo haya sacado de la manga el gobierno, en nuestras vidas reina el ministerio de igualdad.
No una igualdad entendida como una equiparación de unos con los otros, que vela por una equidad imperante en la sociedad. Una igualdad que nos borra las caras y nos distorsiona las voces, nos quita el color de la cara y el cuerpo y la vitalidad de la mímica y los gestos con los que hablamos.
Suena a negatividad, y en realidad es el no va más del positivismo.
Y es que, si te das al mareo un rato, unos días, unos meses, unos años, una vida... consigues trascender de la frustración más amarga que conlleva la pérdida de la identidad personal al sabor dulce de la ganancia de conocer tu lugar en el mundo.
Y ese lugar es cualquier lugar, porque sabes que no perteneces a lugar alguno, porque no tienes raíces, ni apego verdadero por algo más que ese garbancito que llevas escondido dentro y que te da energía para el resto del día como buena legumbre.
Y te das cuenta de que si te abrazan, sientes calorcito en el garbanzo, como todo el mundo.
Si comes más de lo debido, corres al baño, como todo hijo de vecino.
Si te tiras desde el Empire State, morirás ipsofacto, como todo "quisqui".
Si caes, forcejeas un rato para levantarte, como cualquiera que se precie.
Si vacilas, acabas escogiendo la opción menos adeacuada, como toda cabeza loca.
Si amas, tienes miedo al rechazo, como todo bicho viviente.
Si te agobias, cierras los ojos un rato en una habitación en silencio, como todo Dios.
Si te agobias mucho, sales de la habitación y le gritas al mundo, aunque no te escuche, con los ojos bien abiertos, para mirarle a la cara cuando se te enfrente.
...
Y es entonces cuando comprendes que tú no eres especial, porque eres uno más, y los sentimientos son los mismos en tu envoltorio que en el de tu vecino, sólo despuntan audaces levísimos matices que no merecen ser tenidos en cuenta.
Y no te apena ser del montón.
Porque no te sientes raro en tu montón.
Porque sabes que el resto de la gente que está en ese montón es igual del montón que tú.
Y es el momento en el que la soledad desaparece de tu vida, porque es imposible sentirse solo con tanta gente igual a ti, que siente lo mismo, que piensa igual, que mueve sus brazos y sus piernas por la misma causa que tú.
Y entonces funciona realmente eso de...

Mal de muchos, consuelo de tontos.


Y lo mejor es que todos... son tan tontos como yo!
^^

jueves, 6 de mayo de 2010

Gracias, Caos, por existir.

Gracias

CaosPor existir...

Gracias, por hacer de este mundo un lugar un poco más acogedor, humano y cálido.
Por hacer que, a cada paso que dé, por más rara, desubicada o perdida que pueda encontrarme, tú salgas en mi busca para recordarme que sigo en casa, tal y como necesito.
Porque cuando llega la primavera, se me viene el mundo encima.
Y sólo tú, Caos, me haces mantener la cabeza serena.
Cuando todo parece luminoso, colorido, alegre, fresco...
Cuando todo parece como debiera ser, perfecto, llegas tú y me recuerdas que porque yo no sea tan luminosa, tan colorida, tan alegre ni tan fresca, no dejo de merecer vivir mi primavera en miniatura.
Haces que mis caótica forma de pensar parezca ridícula comparada con tu caótica dinámica.
Que mis líos personales se conviertan en nuditos dentro de tu maraña.
Que mi complicada vida se simplifique frente a la complejidad de tu significado.


Gracias, Caos, por existir.
Por desbancar a la perfección de su título de paradigma.
Porque en este mundo...
Hasta la perfección está porque tiene que haber de todo.

domingo, 2 de mayo de 2010

"Vísceralmente churretosa"

Amo mi hígado.
Amo a mis riñones.
Amo mis pulmones.
Amo mi cerebro.
Amo mi corazón.
Me amo visceralmente.
Aunque a veces crea que no, aprecio cada pequeño elemento que me integra, a pesar de que en ocasiones me mire al espejo con mirada acusadora, por tener unas ojeras hasta el suelo, la cara pálida, el pelo revuelto o el cuerpo fofo.
El amor es así, está para lo bueno y para lo malo.
Y yo, últimamente me amo tanto a mí misma, que voy a amarte a ti lo menos posible, para que nunca me falte el amor a mí por dártelo a ti.
Voy a quererte lo justo para no hacerme daño.
Llámale narcisismo o egolatría, yo prefiero llamarlo mecanismo de defensa.
Llendo por la vida como un caracol:
- Con la casa a cuestas.
- Babeando por la vida.
- Sacando los cuernos al sol.
- Avanzando poquito a poquito.
- Teniendo la concha cerca por si toca guarecerse.


Será la primavera, que me desconcierta.