
- "Desvaría".
Una verdad tan cierta como insufrible.
Una crítica ácida que estimula un estilo de vida.
Si...
- "Desvaría".
Porque la uniformidad es un aliciente que no motiva la existencia humana, todos queremos dejar una huella indeleble que muestre nuestro paso por el camino más tortuoso jamás concebido.
Puede ser por eso por lo que pretendemos cambiar el mundo a cada paso que damos, e incluso en los momentos en los que pensamos que será el mundo el que finalmente nos cambie a nosotros, siempre nos queda ese leve aliento que nos hace pensar que aún nos queda algo por hacer en esta vida.
Y es que hay tanto que hacer en esta vida... demasiado, diría yo.
Por eso me da la sensación de que el tiempo cada vez se empequeñece, como una broma pesada que nos asalta en cada esquina y nos destartala los planes que tan eficientes se nos prometían.
Pretendemos estirar las horas, los minutos, los segundos incluso... Alargar la vida hasta tal punto de hacer de la brevedad de la existencia un falso mito, y de la inmortalidad algo tangible, no esa vana utopía que a tantos hombres ha seducido, llevándoles al más terrible de los fracasos y en ocasiones a la más reconfortante locura.
El tiempo corre, y no en vano, todos somos conscientes.
Algunos deciden evadirse fundiéndose en la locura, ese arma que ni pincha ni corta, pero sirve de vía de escape a la humanidad.
Todos los locos desvarían, pero oígame usted:
- Qué leve es el tiempo para ellos.
Lo mismo les daría un año que un lustro, lo mismo un día que la totalidad de la vida. Un segundo puede cambiarlo todo bajo su punto de vista, bien mirado.
Bendita locura.
Y contrapuesto a ésto se halla otro ejemplo muy común de locura, el de aquel para el que el tiempo juega un papel demasiado importante, y en su intento por desbancarlo pretende alargar los días. Ésta locura ha pasado a ser algo habitual hoy en día.
Craso error...
Erróneamente hay quien pretende estirar la vida, como si fuera un tejido precioso que todo lo resiste. Para su sorpresa, como cualquier tejido precioso, acaba por ceder, por ceder al colapso.
Estirando la vida al máximo.
Al máximo elevamos los detalles nimios que nos ocupan las horas muertas y las horas vivas.
Al mínimo descendemos las funciones vitales, las hacemos descender al sótano más recóndito, de aquel desde el que fuimos ascendiendo, donde se hallan en verdad los orígenes de la vida.
Respirar, comer, dormir...
Dormir...
En mi afán por estirar los días suprimí las noches como tal, y con ellas el sueño, el descanso, el lecho.
Demasiado tarde para corregirme.
Demasiado tarde para olvidar que he aprendido a soñar despierta.