viernes, 3 de junio de 2011

Micología humana.

Últimamente me siento una especie de hongo dimórfico que muta de moho a levadura según la situación conviene.
Pero no cualquier clase de hongo, no.
Soy un hongo patógeno estricto, causo infecciones de seria gravedad cuando alcanzo un poco más allá de la epidermis, cuando me introduzco dentro de las vísceras de la persona infectada desencadenando una revolución del sistema inmune, que inocentemente cree que por mandar unos cuantos macrófagos y un par de linfocitos cargados de mecanismos de producción de anticuerpos frenará la infección sistémica, já!
Porque si fuera un hongo normal, otro gallo cantaría, pero siendo un hongo antropomórfico... nadie está a salvo.
Somor organismos peligrosos los hongos antropomórficos, lo digo por experiencia. Yo he encontrado a unos cuantos a lo largo de mi vida, pero por fortuna no tan letales como yo. Ellos solamente causaban alguna erupción cutánea, como mucho una infección leve del tracto respiratorio que me hacía toser y moquear de vez en cuando, pero nada más allá de eso. La reacción era autolimitada con síntomas leves, y en caso de que la cosa se pusiera fea bastaba con cambiar de aires, oxigenarme un poco y buscar otro lugar lejos del hongo antropomórfico en cuestión.
Sin embargo, yo soy peligrosa. Soy un hongo patógeno en toda regla, y lo peor es que engaño. Mis hospedadores se fían de mí, piensan que soy como un saccharomyces cerevisiae con el que pueden tomar unas cervezas tan tranquilos, o como un penicillium notatum al que siempre pueden recurrir cuando están infectados por otros, rollo penicilina. Pero no, yo soy peor que eso.
No hay amfotericina B, miconazol o caspofungina que pueda conmigo. Y tampoco se me elimina con cirugía, a no ser que el afectado quiera prescindir de alguno de sus miembros, pues la única solución es la amputación.
Es algo bastante complejo mi mecanismo de patogenia, pues en ocasiones infecto sin querer. Soy ubicua, con una gran facilidad para extenderme por todas las zonas, endémicas o no. Estoy en el agua, el aire, los animales, porque por mi gran versatilidad no le hago ascos a ningún vector, lo mismo me da esa piedrecita con la que te puedas topar en tu camino, que la piscina a la que acudes en busca de alivio en los días calurosos de verano. Para mí no hay límites, todo vale.
Normalmente tengo un ritmo de crecimiento rápido, pero si la situación no favorece a la colonización no me importa esperar semanas, meses, incluso años para poder desarrollar mi infección, es lo malo de las personas que tenemos tiempo libre, no nos importa invertirlo por tedioso que sea, siempre que sepamos que no será una inversión a fondo perdido. Por ello espero, espero y espero hasta que se da la condición óptima para que se desencadene mi mecanismo de patogenia.
Creerás que estás a salvo por lavarte las manos, cocer bien los alimentos, secarse en condiciones al salir de la ducha o trabajar con guantes en el jardín, porque así se defiende uno de los hongos patógenos normales y corrientes, pero... ¿Cómo crees que te vas a mantener a salvo de un hongo disfrazado de persona?
Nunca les ves venir, no se puede uno imaginar que alguien de mirada honesta y palabras amables pueda ser algo tan insidioso y maligno.
Así que aprovecho esta condición para infectar a cuantos más mejor. Sí, lo reconozco, infecto por placer, y a veces también por aburrimiento.
Y lo peor es que sólo te das cuenta de que estoy dentro de ti cuando tú crees estar dentro de mí. ¡Es algo tan divertido!
A veces me planteé el hecho de ser mortal por necesidad, pero se me antojó una idea demasiado cruel, por lo que preferí decantarme por la latencia y las recidivas, para poder volver a incomodar al afectado cuando creyese necesario, y que él no pudiera remediarlo.
Y cuando vuelvo a aparecer causo los mismos síntomas que en mi infección primaria, escalofríos, fiebre, afección grave del sistema nervioso ...
Así, una vez infectado, te adentras en un círculo vicioso que se repite cuantas veces quiera, y solamente cuando creo que he sustraído de ti todo lo que podía conseguir, y que tu organismo no alberga ya nada de interés para mí, me marcho, pero en ti queda la incertidumbre de cuándo y cómo volveré a asaltarte, aunque puede que no regrese jamás.
Soy tóxica, lo reconozco, de ti depende poner de por medio la profilaxis necesaria para evitar que te contamine.
Pero a pesar de ser dañina, puedes observar mi nobleza, pues advierto de mi naturaleza, y el que avisa... no es traidor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario