- Bueno, recuérdame por dónde lo habíamos dejado el otro día...
Aún no sabía bien si es que de verdad no recordaba qué venía después o simplemente esa frase era el preaviso acordado para que ella se pudiera hacer a la idea de lo que se le venía encima, el recital de los errores.
Abrió la boca con ademán de intentar esclarecerle, porque se acordaba perfectamente de dónde lo habían dejado, pero esta vez él se adelantó:
- Ah, mira, hice una señal. Aquí pone, en el día 24: "me quedo sola en casa porque mis padres están con mi hermana. Estoy sola, nadie se preocupa por mí. Tristeza, soledad, enfado". Explícame eso.- Ahí íbamos otra vez.
- Pues... a ver, eso fue el miércoles creo. Es que cuando me levanté por la mañana no había nadie en casa y como no sabía dónde estaban mis padres les llamé y me dijeron que habían tenido que ir a casa de mi hermana porque ella estaba trabajando y luego iban a ir a ver no sé qué de unas goteras en el baño. Y estuve sola hasta por la noche, porque luego se quedaron más tiempo.- Se acordaba bien, sí.
- Vale, y por qué pensaste "estoy sola, nadie se preocupa por mí".- Su expresión era un misterio, cada vez que pasaba por ésto se sentía juzgada por una estatua de sal que estaba sentada delante de ella.
- Porque estuve sola todo el día, tuve que encargarme de todo. Ellos estuvieron con mi hermana y yo sola, no se preocuparon de llamarme para saber si estaba bien ni una sola vez y cuando llegaron nisiquiera me preguntaron cómo me había ido el día. Empezaron a hablar de si Raquel ésto, Raquel lo otro, que menudo disgusto y que menuda hija. No se preocuparon por cómo me sentía.Yo ahí, sola, y mis padres todo el día en su casa con ella, que tantos disgustos les da. - Ya está, ya lo había soltado. Ahora quedaba lo que tuviera que decir la estatua de sal.
- Y aquí pones que los pensamientos ligados al sentimiento son "tristeza", "soledad" y "enfado".
- Sí.
Claro, eso ponía.
- Vale. ¿Por qué soledad y tristeza?.- Asi, mejor punto por punto, no todo de golpe.
- Pues porque estaba sola en casa y necesitaba estar con mis padres, me sentí como si me hubieran abandonado y eso me puso triste.- Era coherente, o al menos de momento lo era, hasta que la estatua de sal hablara y perdiera toda la coherencia que podía haber en ese razonamiento.
- "Me sentí como si me hubieran abandonado"... ¿No te parece un poco exagerado?
- A ver, sí, exagerado es. Yo sé que mis padres no me abandonaron, ni me van a abandonar, pero siento como si no los tuviera cuando les necesito. - Ya empezaba a fallar el argumento.
- ¿Y cuándo les necesitas?
- Pues en ese momento, por ejemplo. Estaba triste.
- ¿Crees que porque hubieran estado tus padres no hubieras estado triste?
- No lo sé. Al menos no me hubiera sentido sola.
Dos segundos de silencio, la pausa de rigor para aclarar los pensamientos.
- Pero sabes que aunque tus padres hubieran estado y no hubieras estado sola, habrías estado triste igual, porque la tristeza estaba desde el principio, ¿no es así?.
- Sí.
- Y me dices que los necesitabas, a tus padres, porque estabas triste.
- Sí.
Si la doble negación era afirmación según las leyes de la lógica aristotélica, algo indicaba que la doble afirmación tenía que ser una negación a su vez. Y así fue.
- No, chica. Tú no necesitas a tus padres porque estés triste. Tus necesidades no son esas. No necesitas que alguien esté contigo, ni que te preste atención, ni que te hable, ni que te escuche. Tú necesitas comer, necesitas beber, dormir... esas son tus necesidades, las necesidades que de verdad necesitas. Las otras necesidades no son necesidades, ya lo habíamos hablado más veces. Que ese tipo de necesidades son falsas necesidades porque puedes vivir sin ellas perfectamente. Una necesidad es algo esencial, y que vengan tus padres porque estés triste no es algo esencial.
- Ya.- No podía más que usar monosílabos. Las palabras más largas podían volverse en su contra.
- Y pone también "enfado". ¿Por qué?
- Pues porque me enfada que hagan eso. Son mis padres, tienen que preocuparse por mí. Además, yo soy la que siempre está ahí para ellos, deben estar ahí para mí. Son lo único que tengo y me falla, por eso me enfado, porque me da rabia estar siempre para ellos y que ellos no se den cuenta de cuando me hacen falta a mí.
A la estatua de sal le faltó tiempo para poner en marcha su mecanismo.
- Vamos a ver, Fátima, ahí estás cayendo en dos pensamientos erróneos a la vez, ¿podrías decirme cuáles son?. - Claro que sabía cuáles eran, lo sabía perfectamente. Los habían visto tantas veces las últimas semanas que casi podía saber cuáles eran los pensamientos erróneos antes incluso de pensarlos.
- Sí, claro, por lo menos uno. El que decía "tiene que" o "debe de". Ellos no tienen la obligación de preocuparse por mí, es una obligación que yo solita les he impuesto.
- Bueno, bien.- La estatua parecía satisfecha.- De acuerdo, eso es. Ellos no tienen la obligación de preocuparse por ti, ni aunque sean sus padres, porque que se preocupen por ti no es una necesidad tuya que tengan que cubrir como padres. Tú esperas que ellos lo hagan pero no porque lo tengan que hacer, sino porque tú crees que tienen que hacerlo. Ellos tienen la obligación de darte comida, una educación, casa... pero no esa.
- Ya.
- Estás cayendo otra vez en el mismo pensamiento. Esperas que las personas que te rodean hagan cosas por ti que en realidad no tendrían por qué hacer. Pueden hacerlas porque quieren, pero también pueden no hacerlas si no. Pero tú esperas que las hagan pese a que no tienen la obligación, y ahí caes en el enfado, porque esperas de los demás cosas que no tienen por qué hacer.- Un atisbo de desesperación cruzó el rostro de la estatua de sal, tal vez ya eran demasiadas las veces que tenía que incidir sobre ese pensamiento erróneo para erradicarlo. Tal vez a ella le costaba demasiado no esperar de los demás lo mismo que decía que ella les daba.
- Lo sé. - Asunto zanjado.
- Y queda otro pensamiento erróneo, ¿No sabes cuál?.
- No. La verdad es que no, no sé cuál.- Ahora mismo, en ese mismo momento no se le ocurría dónde podía estar el fallo. Se le ocurrían tantos pensamientos erróneos que le habían cruzado la cabeza cuando se quedó sola en casa que no acertaba a decir cuál sería el más erróneo de todos.
- El catastrófico, Fátima. Dices: "mis padres son lo único que tengo, y me fallan". Tus padres no son lo único que tienes. Y tampoco te han fallado. No puedes centrarte en una parte concreta de una sola cosa y pensar que es el "todo" en tu vida. Tienes más cosas aparte de tus padres: tienes tu carrera, tus amigos, tus hermanos y muchas más cosas que aparecerán en tu vida con el tiempo, que pasarán a formar parte de ella. Y tus padres no te fallan porque cuando crees que les necesitas no están ahí, no han hecho lo que esperabas de ellos, pero lo que tú esperabas no es lo correcto, ya lo hemos dicho, era un pensamiento erróneo. ¿Lo entiendes?
- Sí.
Entendía todo, pero no entendía nada. Entendía que esos eran pensamientos de una estatua de sal y que tenía que adaptarlos como propios si quería mejorar. Tendría que volverse una estatua de sal cuyas necesidades no fueran más que comer, beber y dormir y que no esperase nada de los demás. Tenía que ser la estatua que no le da importancia a nada en la vida para que nada llegase a convertirse en el "todo" que podía fallarle en cualquier momento y a aceptar la frustración como algo propio y familiar, que no es ni mejor ni peor, sólo algo más.
Pero le daban un poco de miedo las estatuas de sal. Alejarse de las emociones a cambio de volverse inmune a ellas era un precio del que no estaba segura si pagaría tan gustosamente como los 28 euros/sesión habituales.

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