lunes, 11 de octubre de 2010

Quien tiene boca, se equivoca.

Devaluación de la lengua propia a lengua de trapo.
Devaluación de la lengua propia a lengua de gato.
Un músculo, un trozo de carne, pero, joder... ¡qué daño hace!
Sibilinas, envenenadas, retorcidas, vernáculas... Las hay para todos los gustos, pero al fin y al cabo en pocos matices se diferencian.
Hay algunos sujetos, inocentes e incautos, llamados los "deslenguados" que carecen por completo de la misma, junto con la vergüenza y otros buques insignia de la decencia.
Múltiples usos y utilidades, chupar, revolver, degustar, herir, limpiar el suelo bajo la advertencia típica de la madre que dice: "como se te caiga algo con la lengua lo limpias"...
Trazan fronteras y deshacen el hielo más gélido.
Increíbles elementos que se agitan de arriba a abajo y de izquierda a derecha para finalmente regresar al agujero oscuro y húmedo de donde salieron.
Dan poder al hombre, lo mismo que arrebatan la vida con un beso o un discurso magistral, como le despojan de toda dignidad cuando el mismo hombre es llamado "lameculos".
Curioso binomio bipolar,un arma de doble filo sin lugar indicado para ser asida.
Hablamos de un órgano profusamente vascularizado,
que si se muerde demasiado,
asegura un profuso sangrado.
Afortunados los "deslenguados",
pues sólo ellos saben
del peso del que se han librado.

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