viernes, 7 de mayo de 2010

Como todos,hijo, como todos...

Voy a empeñarme en que no soy especial.
Y te recomiendo que hagas lo mismo.
Porque cuando caiga una lluvia de vulgaridad y ordinariez que nos empape a todos, en este mar de la regularidad no habrá cabida para lo extraordinario, y nos sumergiremos en el profundo sentimiento de la norma humana.
Y no norma, de esas que tanto nos gustan a las personas pseudo-civilizadas como nosotros, no...
Norma como sinónimo de modelo, de canon, de patrón, de homogeneidad.
Homogéneos, todos, aunque nos cueste asumirlo.
Porque aunque no lo haya sacado de la manga el gobierno, en nuestras vidas reina el ministerio de igualdad.
No una igualdad entendida como una equiparación de unos con los otros, que vela por una equidad imperante en la sociedad. Una igualdad que nos borra las caras y nos distorsiona las voces, nos quita el color de la cara y el cuerpo y la vitalidad de la mímica y los gestos con los que hablamos.
Suena a negatividad, y en realidad es el no va más del positivismo.
Y es que, si te das al mareo un rato, unos días, unos meses, unos años, una vida... consigues trascender de la frustración más amarga que conlleva la pérdida de la identidad personal al sabor dulce de la ganancia de conocer tu lugar en el mundo.
Y ese lugar es cualquier lugar, porque sabes que no perteneces a lugar alguno, porque no tienes raíces, ni apego verdadero por algo más que ese garbancito que llevas escondido dentro y que te da energía para el resto del día como buena legumbre.
Y te das cuenta de que si te abrazan, sientes calorcito en el garbanzo, como todo el mundo.
Si comes más de lo debido, corres al baño, como todo hijo de vecino.
Si te tiras desde el Empire State, morirás ipsofacto, como todo "quisqui".
Si caes, forcejeas un rato para levantarte, como cualquiera que se precie.
Si vacilas, acabas escogiendo la opción menos adeacuada, como toda cabeza loca.
Si amas, tienes miedo al rechazo, como todo bicho viviente.
Si te agobias, cierras los ojos un rato en una habitación en silencio, como todo Dios.
Si te agobias mucho, sales de la habitación y le gritas al mundo, aunque no te escuche, con los ojos bien abiertos, para mirarle a la cara cuando se te enfrente.
...
Y es entonces cuando comprendes que tú no eres especial, porque eres uno más, y los sentimientos son los mismos en tu envoltorio que en el de tu vecino, sólo despuntan audaces levísimos matices que no merecen ser tenidos en cuenta.
Y no te apena ser del montón.
Porque no te sientes raro en tu montón.
Porque sabes que el resto de la gente que está en ese montón es igual del montón que tú.
Y es el momento en el que la soledad desaparece de tu vida, porque es imposible sentirse solo con tanta gente igual a ti, que siente lo mismo, que piensa igual, que mueve sus brazos y sus piernas por la misma causa que tú.
Y entonces funciona realmente eso de...

Mal de muchos, consuelo de tontos.


Y lo mejor es que todos... son tan tontos como yo!
^^

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