domingo, 5 de septiembre de 2010

No tengo Remedios.

Este año, por lo menos.
Y es que me pasa como siempre, que estoy en el peor lugar, en el momento menos indicado.
Yo tenía que andar hasta hace un rato pegando saltos por el campo, con mi bocadillo de anchoas y mi lata de Coca-cola, mostrando una fe poco usual en mí pero por eso aún más valiosa, y aquí me hallo, echando de menos lo que este año no tengo y masticando rabia pura.
Lo bueno de esa digestión de rabia pura, que cuando se junta con las sales biliares allá por mi estómago me da una acidez que me inspira y que me hace pensar que aquí no pinto nada, porque no hay color, ni lienzo, sólo manchas por todas partes.
Manchas con forma de persona que, en su embriaguez, te dan un brochazo en la boca para no acordarse de nada al día siguiente.
Pero yo si recuerdo, porque mi mente poco tiende al olvido, y me pregunto si realmente será verdad todo lo que dicen los borrachos.
Porque si esas son sus verdades, prefiero borrarlas con aguarrás.
No me déis pinceles, a mí... dadme Remedios.

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