Y como buena incorformista que soy, me da por intentar conseguir todo aquello que no puedo tener.
Y en momentos de fiebre, malestar general y dolor de garganta es cuando, postrada en la cama, intento vociferar:
- ¡Mamaaaaaaaaá, un ibuprofenooooooooooooo!-
Pero lo único que sale de mi maltrecha garganta es un chirriar similar al de unos frenos de bici mal engrasados.
Y mi ser entero se deshace por poder gritar como una verdulera.
Es entonces cuando una,impotente al darse cuenta de sus limitaciones, comienza a divagar por ese extenso mundo de las ideas inaccesibles que engloba la pregunta que nos asalta eternamente:
"¿Qué pasaría si...?"
Y al respecto de los gritos, a mí me asalta constantemente una muy concreta.
"¿Qué pasaría si todos los seres humanos y alimañas varias que existen sobre la faz de la Tierra nos pusiéramos de acuerdo y gritáramos al unísono?
Imaginaos, poneos en tesitura.
Una mujer árabe haciendo el típico Zaghareet, ese grito que con tanta gracia hemos imitado todos batiendo la lengua entre las paredes de la boca, y que nos ha hecho sentirnos realizados y ridículos a partes iguales.
Un cantante de ópera vienés junto a un monje tibetano que recita sus retaílas con profunda voz.
Un bebé de llanto neonato arrullado por una mujer cuyos gritos provienen del maltrato, y no piden otra cosa que clemencia y libertad.
Vociferantes machos reunidos para ver cómo su equipo pasa a semifinales, batiendo corazones y bufandas de forma sincronizada. El pescadero que grita para anunciar su mercancía de primera en el mercado de tu barrio, y los políticos chillando como cerdo en día de matanza para imponer su dudosa superioridad en cuanto a lo que en tu país se va a hacer.
Gritos de aquel que quiere ser escuchado, gritos de aquel que quiere que su voz suene más fuerte para que la voz del que quiere ser escuchado se funda en una maraña de ruido y desentendimiento...
Voces, muchas voces, que si se pusieran de acuerdo podría colapsar a la Tierra debido al tremebundo nivel de decibelios que se alcanzaría.
Y al maquinar esta serie de penosas ideas que mi mente sintetiza a todas horas es cuando yo me dispongo, aún afónica, a lanzar un grito poniéndome de acuerdo con la humanidad:

- Si pudiérais, insensatos, lanzar un grito al unísono, lo único que oiríamos sería el más certero y justo de los silencios, porque intentaríais imponer vuestras voces a las demás de tal forma que finalmente, hasta el más gritón se quedaría sin voz.-
Y lo digo yo, que de tanto gritar acabé muda.
Con este profundo resentimiento hacia las voces de la humanidad me despido.
He dicho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario