miércoles, 27 de enero de 2010

Amapolaaaaaaaaa ... Lindísima amapooooola ...

Tra-la-rá!
Dicen que quien canta, su mal espanta, pero cuando se trata de mí no se sabe si lo espanto o lo atraigo, porque mi cantar es un mal en sí mismo.
Y por eso, cuando entono mis salmos a la vida, y veo que mi intento de salvar a la humanidad evitando que los escuchen se ve frustrado cuando mi Tere abre la puerta, me pongo roja como una amapola.
Y es que en el fondo soy como una amapola...
Roja, asilvestrada...
La mujer-amapola!
Nah!
Ojalá llegase a valer la mitad de lo que vale una amapola.
Una amapola...
... puede crecer en cualquier lugar.
... puede inundar de color el campo en la primavera.
... puede sacar una sonrisa aún siendo arrancada de su hogar.
... puede marchitarse más fácilmente que cualquier otra flor conocida, lo que la hace el doble de valiosa, porque lo bueno, si breve, dos veces bueno.
Pero como no todo en esta vida puede ser, aceptaremos cardo borriquero como planta de interiores y asumiremos el papel una vez más.
Voy a regarme un poco, a ver si cultivo espinas y echo raíces en algún lado. Que esto de las ciudades no les sienta bien a las flores del campo.

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